viernes, abril 01, 2011

Sympathy for the Atom (II)

La radiactividad, como fenómeno natural, existe en todas las cosas. Tal vez por esto sean tan propensos los "pro-nucleares" a hablar del plátano. No hay peor (y más explotable) miedo que el se tiene a algo que no se puede percibir. Afortunadamente el plátano no es ionizante, como tampoco lo es tu teléfono móvil o la linterna de tu llavero (aunque estos dos últimos irradian considerablemente más), y por tanto son inócuos.

El cosmos es un vastísimo campo de batalla entre la materia y la energía, y ambas están bajo la maldición de tener una relación directa. En nuestra "escala mediana" de este planetucho compuesto principalmente de roca y hierro, la energía está a merced de la materia. Si buscáis un poco sobre cualquier fenómeno cósmico frecuente y cotidiano en el universo, comprobareis que las cosas por aquí andan bastante tranquilas y, afortunadamente, la misma distancia que nos desespera a la hora de abordar la iconmensurable exploración espacial es la misma que nos mantiene a salvo.

Estos "fenómenos cotidianos" que para nosotros son tan raros y violentos poseen componentes energéticos que escapan a todas nuestras escalas. En realidad los raros somos nosotros. Diminutos, insignificantes y terriblemente vulnerables a la naturaleza del propio universo. Nuestro planeta, aunque pequeño, posee un núcleo súper-pesado en constante movimiento que nos proporciona un aislante (y gigantesco) campo electromagnético formidable, capaz de resistir todo tipo de plasma solar.
Nuestra posición con respecto al Sol es la perfecta para tener una atmósfera gaseosa, ingentes reservas de agua en estado líquido y accesible y ciclos estacionales que regeneran la corteza terrestre suavemente.
Incluso tenemos la suerte de contar con la protección de Júpiter y Saturno, cuyos campos gravitacionales sistemáticamente atrapan y desmenuzan sin compasión cualquier peligro ajeno a nuestro sistema solar.
Incluso nuestro sol, ese descomunal titán en cuyo interior la materia y la energía luchan con una ferocidad que nos aniquilaría con tan sólo observarla un poco más de cerca, es pequeño, tranquilo y longevo si lo comparamos con el resto de estrellas de nuestra galaxia. Es como si pudieramos considerarlo una madraza. Somos muy afortunados.

Pero aquí llegó el ser humano, con esa constante fascinación por golpearlo todo con una piedra bien gorda, sólo para ver qué pasa y echarse unas risas. Si bien el mayor hobby de Conan el Bárbaro era hacer abuso del secreto del acero que los dioses olvidaron en el campo de batalla, la del borrego moderno es haber descubierto la relación entre materia y energía. Por desgracia, y como ya he mencionado, aquí la materia va ganando por goleada, así que llevar el proceso de un lado a otro es mucho más sencillo que hacerlo al revés (se puede, pero es todo un desafío tecnológico y económico que, de momento, supone más pérdida que beneficio).

Por desgracia, eso también implica que los recursos energéticos a nuestro alcance dependen directamente de nuestra capacidad tecnológica para dominarlos. En 1964 el astrofísico ruso Nikolái Kardashov propuso un modelo para medir una civilización en tres niveles, dependiendo de su habilidad para aprovechar los recursos energéticos. De este modo, una civilización de nivel 1 tendría que ser capaz de gestionar la energía generada de forma natural por un planeta. El ser humano se encuentra a un 16% de llegar a ese punto.

Con la gran mentira que supone la maldita "independencia energética" de cualquier nación, el siglo pasado nos lanzamos en masa a explotar el moderno recurso de la fisión atómica, y la abrazamos como la panacea del futuro. En un contexto económico, político y social como el nuestro, a un servidor el fomento de esta energía le parece una temeridad y una cagada sin precedentes. Tras toda la frialdad y neutralidad con que puede contar la ciencia, tras ellas están las empresas, el capital y los intereses. Existe una ecuación aplicable a cualquier sistema, por avanzado o primitivo que sea éste, en el que la seguridad y el coste van ligados exponencialmente, hasta el punto de que una seguridad perfecta conlleva un coste infinito. Lo que no existe en matemáticas es una variable que mida el dolor o la pérdida humana, máxime si hablamos de un enemigo invisible que, en caso de aparecer ante nuestras murallas, es capaz de presentar batalla y asedio durante más de veinte mil años.

En el contexo cósmico con el que me he explayado antes, esto supone haber ignorado la tremenda suerte de vivir donde vivimos, y haber metido al enemigo en casa voluntariamente. Por dinero. Algo ficticio que ni si quiera existe más que para nosotros mismos.

Entraré en el "debate" de las energías alternativas. Si todos los billones (con be) de dólares que se han invertido en el último siglo en financiar esta energía basura se hubiesen invertido en I+D, ya ni si quiera estaríamos usando el petróleo.
No me gusta decir que soy "anti-nuclear". Soy absolutamente "pro" desde el punto de vista de que existe un potencial en la energía atómica, pero no es este. El actual es el peor y más chapucero escenario para explotar este maravilloso recurso.
Bajo el manto terrestre poseemos una abundancia casi inagotable de energía. En las mareas, en las devastadoras corrientes ecuatoriales, en los tornados y las tormentas, en el mismísimo aire.
Habrá quien diga que esto es ciencia ficción. Habrá quien tenga un móvil de última generación en su mano, o que esté sentado frente a un montón de plástico y circuitería barata leyendo lo que yo estoy escribiendo ahora mismo en mi despacho y diga que... esto... es... ciencia ficción...

Para mí ciencia ficción es dejar que el destino de la especie responsable de este planeta se rija por la codicia de unos pocos privilegiados, pero quizá yo soy muy cándido e ingénuo y no entiendo las cosas.

Cierto que la tecnología fotovoltáica, por ejemplo, está lejos de aprovechar al 100% todos los fotones que el Sol nos lanza y consiguen llegar a la superficie terrestre. Si será así que, para poder abastecernos exclusivamente de este recurso con la actual tecnología, tendríamos que crear gigantescas extensiones dedicadas tan sólo a este fin, con un coste medioambiental -según la industria- enorme. ¿O no?

¿Descabellado? A mí no me lo parece...


No. Más bien es que no hay una voluntad económica y política para hacerlo. También la actual energía de fisión utilizada en las plantas nucleares no se aprovecha al 100%, hasta el punto de tener un índice de utilidad semejante a la solar. La aleación de cerámica y uranio235 que se usa para alcanzar la masa crítica y alcanzar una reacción estable y duradera desprende varias veces más energía que la que conseguimos al transformarla en electricidad con una turbina.

De lo que tampoco habla mucho la prensa es de los residuos que producen estas centrales. Mínimos comparados con la electricidad generada, sí, pero siguen siendo una hipoteca a muy largo plazo para nuestros hijos a cambio de poder iluminar nuestros casinos de noche.

Estos residuos se guardan bajo tierra en estructuras reforzadas bastante seguras, aquí no hay mucho problema en cuanto a un riesgo potencial. Pero, ¿todo el mundo está dispuesto a pagar el alquiler? De nuevo entra en juego nuestro abstracto concepto del dinero y la cuestionable relación responsabilidad/beneficio de las compañías eléctricas. Os copio un fragmento de un estupendo post que el ínclito Hombre Malo escribió hace un par de años sobre la piratería en Somalia para Plutón Verbenero (un blog buenísimo) que resulta, si no revelador, cuanto menos plausible:

En Puntland la gente vivia de la pesca. No te digo que vivieran bien, pero vivian. Hasta que en el 91 un golpe de estado finaciado desde el exterior derribo el gobierno rojeras que habia mantenido en paz a Somalia desde su independencia en el 69. A ese golpe le siguio otro, y otro, y pronto una guerra civil y despues un estado de guerra continua de baja intensidad. Desde el 91 no existe nada que se pueda llamar "Gobierno Somali". Yo aun recuerdo el resbalon que se dio aquel marine de la era Clinton cuando desembarcaba en Mogadisho y el año pasado les invadió Etiopia para "poner paz".

Y poco despues llegaron los barcos. Barcos de apariencia normal, pero que en vez de seguir su camino se detenian y dejaban caer...de todo. Los primeros simplemente limpiarian sus motores, pero pronto llegaron otros. Mr.Ould-Abdallah, enviado de Naciones Unidas para Somalia, nos cuenta que ante la ausencia efectiva de un gobierno que haga nada, se han vertido residuos industriales, radioactivos, metales pesados y basura hospitalaria. Casi toda procedente de Europa, donde la mafia se ha forrado consiguiendo las contratas de procesamiento de residuos peligrosos y luego enviandolos a la primera costa sin amo que encontraron. Miradlo en un mapa, Somalia está a tiro de piedra del mediterraneo, canal de Suez mediante. Cuando el Tsunami del 2005 llego a las costas somalies mato gente, pero no por su fuerza, sino porque lo que desenterro del fondo se llevo por delante a cientos en las siguientes semanas.

Fukushima es un desastre. Cualquier central de fisión lo es en potencia. Es una tecnología que no podemos dominar aún, y de la que no disponemos de suficientes datos y experiencia para gestionar de forma efectiva y segura. Sin embargo, la hemos implantado con un ímpetu desmedido, haciendo gala del peor rasgo de nuestra especie. No porque algún enajenado no pueda tirarse a la piscina y asumir la responsabilidad de algo que afectará al mundo durante miles de años, sino porque nadie puede proponer semejante aval, seas quien seas. Es tan absurdo que lo hemos hecho. Y a lo grande.

También se nos dice que los habitantes de este planeta nos hemos acostumbrado a vivir con estos índices de consumo energéticos, y que nos hemos vuelto dependientes de la energía nuclear en caso de que no estemos dispuestos a renunciar a un montón de cosas. Suena factible. Y yo, desde luego, no quiero quedarme sin nevera u ordenador en casa. Pero tomemos por un momento la perspectiva de diferenciar entre el consumo en el que podemos incurrir cualquiera de nosotros, y el consumo que podemos ver dando un paseo de noche por el centro de una ciudad cualquiera. ¿Qué creéis que se ve en esta foto? ¿Vuestras neveras y televisores, o los espectaculares excesos de la gestión privada propia de una sociedad de consumo como la nuestra?


Tres cuartas partes de lo mismo se puede decir sobre el reciclaje de basuras o el consumo de agua. Todos estamos muy concienciados con estos temas, y no se me ocurriría desanimaros a la hora de trabajar en casa por gestionar correctamente vuestros desperdicios y ahorrar agua y electricidad, pero el consumo o perjuicio causado por la población del primer mundo no llega ni al 15% del total. ¿Sabéis el agua que se consume en el proceso para crear una botella de plástico, por ejemplo? ¿Y sabéis qué medidas toma la industria para el reciclaje del agua que gasta? Os dejo adivinarlo. Pensad mal y acertaréis (o al menos os acercaréis bastante).

TEPCO ha gestionado de forma fraudulenta e irresponsable (y muy rentable por consiguiente) su planta de Fukushima. Ahora sus acciones han descendido un 70% y el gobierno de Japón (el Estado, el responsable ciudadano contribuyente) se ve obligado a desprenderse de varios cientos de miles de millones de dólares para nacionalizarla y así poder seguir gestionando la crísis de la central. Mientras, la vida de la gente, desde técnicos a habitantes de la zona, está en juego. Y nunca mejor dicho. ¿Realmente alguien espera mantener un debate razonable sobre las bonanzas de la fisión atómica en este contexto de corrupción mundial?

Treinta y cinco millones de personas mueren de hambre al año en el mundo. Leer varias veces esa frase hasta asimilarla del todo. Un cuenco de arroz por persona y día puede evitarlo. Y hablamos de arroz, no de i-phones o de gafas de sol de Gucci. ¿Qué líder mundial puede considerarse a sí mismo como tal existiendo una realidad como esta? ¿Cómo vamos a esperar que, por algo tan rentable como la dependencia energética, un capital privado vaya a actuar responsablemente en aras de los ciudadanos?

Y habrá quien me diga que no soy realista.
Aún cuando el dinero es algo ficticio.

Si quréis que siga escribiendo sobre el tema, tenéis alguna filia atómica concreta, u os interesa que os de la chapa con la energía de fusión y el proyecto ITER, comentad y Somo verá si habéis sido niños buenos este año...

2 comentarios:

TKH-1176 dijo...

Oye pues acabo de descubrir tu blog vía plutónverbenero, y para empezar me ha encantado esta entrada.

Como mencionas, yo no me siento antinuclear, pero opino igual que tú, el camino no es la fisión. Cierto que la fusión es muy compleja, pero oye, los reactores tokamak existen desde los 70...¿Cómo es posible que aún no hay un reactor "economicamente" viable? Pues imagino porque a pocos le ha interesado invertir en fusión nuclear por su desarrollo a largo plazo y beneficios a mayor plazo aún.

Por supuesto, está el ITER, que espero de verdad que como desmostrador de la viabilidad de la fusión como energía comercial triunfe, porque la única forma de apagar la centrales de fisión es encendiendo la fusión...

Por otra parte, me llama la atención el poco desarrollo y aprovechamiento de dos energías tan abundantes como la geotérmica, con la de energía que se produce en el interior de la corteza terrestre, y la propia fuerza de las mareas.

En fin..un saludo!

P.D. Por cierto, si puedes dar la chapa con el ITER sería de agradecer! A ver si el usuario medio se va concienciando que la energía nuclear no es mala, unicamente ocurre que la estamos explotando de forma equivocada...

Amanita Faloides dijo...

Tienes mi voto. E intentaré ser muuuy buena, pero me sale fatal